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El fantasma y yo

Un fantasma más bien triste y cansado…

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A tomar por culo

El otro dí vi un documental en la 2 (no es por dármelas de guay, es que soy una friki y estas cosas me gustan) en el que hablaban de Apofis, un asteroide de tamaño considerable que orbita próximo a la Tierra. Y cuando digo de manera próxima me refiero que según todos eso físicos y astrónomos del documental aseguran que en 2013 podremos verlo a simple vista de la misma forma que las estrellas de la Osa Mayor. También comentaban que esta proximidad hará que el campo gravitatorio de la Tierra modifique la trayectoria de meteorito que entonces bla bla bla (lo siento, hablaban en terminología astrofísica y no se reproducir sus palabras del todo). El caso es que se puede llegar a un momento dentro de unos 20 años más o menos en el que el meteorito se estrelle contra la superficie del planeta. Y aquí es donde quería llegar.

Lo siento pero me encantaría que pasase. Es más, me decepcionó bastante el hecho de que sólo destruiría una ciudad. Algunos pensaréis que soy una loca radical, y puede que sea así.

Últimamente odio bastante al ser humano. Con la excusa de crisis se ha vuelto más egoísta y cruel. Y no hablo sólo de banqueros y empresarios, la gente de “la calle” también es así. Se nos va la cabeza en una vorágine de estrés en la que sólo pensamos en nosotros mismos mientras nos cargamos el planeta e ignoramos la injusticia social, las guerras, las hambrunas y los demás abusos que se comenten sobre poblaciones indefensas.

Por este motivo creo que una catástrofe planetaria provocada por un meteorito sería una buena lección para este ser humano que se cree la ostia de guay, que cree que puede hacer lo que quiera sin sufrir las consecuencias de sus actos. Una invasión alienígena tipo Ultimátum a la Tierra tampoco estaría mal. Estoy harta de esa superioridad, de creernos el ombligo del universo. Meteorito ya.

El ser humano es dual, como bien ilustra Nach la canción que comparto a continuación, pero joder, es que en estos días el lado negativo llama demasiado la atención.

 


El trauma

Puede que toda la parrafada que me dispongo a soltar a continuación os suene a Carrie Bradshaw; si es así, me disculpo con antelación por convertirme durante este lapso de tiempo en una histérica quejica que va de romántica por la vida, pero tengo que hablar de ésto. “Ésto” se refiere al traumático momento de volver a la soltería. Sí, es traumático, incluso si eres tú la que le deja a él. Y me explico.

Me pongo como ejemplo. Hace poco que he vuelto a estar soltera después de tres años de relación (todo un récord en mi caso) y me encuentro atravesando esa tierra de nadie que es el páramo de los solteros recientes. Y todo es raro de cojones. El primer fin de semana después de tu ruptura supone una montaña rusa de sentimientos encontrados: tristeza, ataques de llanto, fiesta sin fin a la que te ves arrastrada por todos esos amigos que temen que te cortes las venas si te quedas sola en casa, culpabilidad, más ataques de llanto, desánimo, sueño (normal, después de tanto llorar), alivio, depresión, y todas las demás cosas bonitas o feas que se os ocurran. De ese primer fin de semana a duras penas recuerdo algo; sí que recuerdo sensaciones pero no hechos, ni frases. Creo que la mente, en su infinita capacidad para defendernos de nosotros mismos, crea una laguna en la que ahoga ese fin de semana. Se lo agradezco.

Pero después de los primeros auxilios tus amigos se relajan y empieza la vida normal, sin anestesias cerebrales o etílicas. Entonces llega otro fin de semana y te asalta la duda: ¿y ahora qué hago? Antes lo tenías todo solucionado, ¡estabas con una persona! Ahora parece que no hay sitio para ti. Tus amigos por regla general tienen pareja y aunque te invitan a cenar con ellos rechazas su oferta por miedo a convertirte en un candelabro precioso. Además los besos que se dan las personas felices te molestan; también lo hacen las miradas complices y las caricias. El cambio de rutina te abruma y ¿qué haces?: acabas cenando en casa, con una peli que no te recuerde a él y sintiéndote extrañamente miserable y estúpida por pasar una noche de sábado en semejantes condiciones.

Y Luego está el momento en el que decides volver al juego… y te das cuenta de que no tienes ni puta idea de cómo se juega. Ilustro el tema con otro ejemplo. Le contaba a una compañera de trabajo esta mañana que el viernes salí con unos amigos y me descubrí mirando con intención a un chico que estaba al otro lado de la barra y que me devolvía las miradas. ¿Y qué hice? Absolutamente nada. Así de simple; nada. Varias frases ingeniosas acudieron a mi mente para acercarme a hablar con él, pero una parte de mí prefería quedarse en plan ameba. Puede que no lo parezca pero la situación era muy patética.

A mis 26 años no se qué hacer para ligar con un tío; lo peor es que sí sabía hacerlo antes. Hace años todo era sencillo: sabías quien “estaba por ti” (¡qué frase tan bonita!) y no te agobiaba el tema, los amigos cumplían a la perfección el papel de celestinas modernas cuando tiraban de la mítica expresión “¿quieres rollo con mi amigo?”, si te molaba un tío se lo decías sin ningún tipo de complejo y hacías lo mismo si le tenías que mandar a la mierda. Ahora todo es diferente, o por lo menos yo ya no entiendo nada. Todas las señales son confusas (me cago en los puntos verdes de whatsapp y facebook), me parece ridículo que un amigo se tire a la piscina en mi nombre, y me quedo callada en plan “nada” cuando lo que quiero es acercarme y preguntar “¿follamos?”

Espero que se me pase pronto el trauma.


23 impresiones sobre Donosti

1. Los taxistas de esta ciudad son los más guapos y/o majos del mundo.

2. Hace más sol del que me habían contado.

3. La brisa es perfecta: ni pegajosa, ni fría, ni húmeda; fresca y reconfortante.

4. Es una ciudad muy bonita.

5. Los hombres de Donosti están bastante bien.

6. Comer quita las penas; comer en exceso te jode la noche.

7. ODIO EL GIN TONIC.

8. Existen personas que beben agua con gas (y les gusta).

9. 1250 ISO funciona bastante bien.

10. Hay mucho skater y surfero, y no me resultan tan atractivos como a otras féminas.

11. Las bicis son para las ciudades en llano.

12. La gente también necesita hablar.

13. No soy la única persona con la piel blanquita todo el año.

14. Las palomas de Donosti son igual de asquerosas, pesadas y feas que las de Madrid.

15. La gente apura el uso de la ropa de verano más de lo que pensaba.

16. Los críticos de cine no son tan críticos de cine.

17. Los animales me caen bastante bien; mejor que muchas personas.

18. La playa me gusta más los días nublados y frescos.

19. Nach es un rapero a tener muy en cuenta.

20. Los buenos amigos siempre están ahí, aunque se encuentren a cientos de kilómetros.

21. Cualquier actriz consigue que a su lado me vea gorda.

22. Todavía existen hombres caballerosos de los que da gusto que digan un piropo; sin babas, ni mala educación de por medio.

23. Estar sola (y a solas) tiene cosas buenas.


Habitaciones de hotel

Últimamente tengo la suerte de viajar más allá de las habituales vacaciones de verano (quien dice de verano dice en octubre, que es todo más barato y hace un tiempo más apetecible). Todo es gracias a mi trabajo (en ese aspecto me considero afortunada), por lo que además me voy a hoteles guays de verdad que otros han pagado por mi (bieeeen!).

Ahora mismo me estaba quedando dormida en mi habitación del hotel Barceló Costa Vasca, en San Sebastián, y me he dado cuenta de que es un poco extraño estar solo en una habitación de hotel. No malo, ojo, extraño. Antes de toda esta vorágine de curro glamuroso y guay, mis experiencias hoteleras se reducían a una cada mil años más o menos y siempre acompañada por amigos, familia o algún novio. Sin embargo, estar sola en una habitación de hotel, sobre todo si es un hotel de los que molan, me hace tener sentimientos encontrados.

Por un lado me encantaría estar acompañada; las camas suelen ser grandes (o hay dos), siempre hay dos toallas, dos cepillos de dientes… Parece que todo está concebido para que lo disfrutes con alguien. ¡¡Pero por el otro lado se está de puta madre sola!! No cerrar la puerta del baño, dormir en el centro de una cama gigante o un día en una cama y otro día en la otra, andar en pelotas, hacer el vago sin que nadie te moleste… Sólo suele durar dos noches, tres si te sales de la geografía europea, pero quizás es ahí donde reside el encanto de las habitaciones de hotel solitarias.


Moralina con patas

Hoy voy a ir a las claras. Estoy hasta las mismísimas narices de tantas lecciones moralistas lanzadas desde los medios, pero desde hace ya unos años (más concretamente desde que Rafa Nadal empezó a ganarlo todo) me pican especialmente las lecciones moralistas que ponen como ejemplo a los deportistas.

Rafa Nadal, la selección española de fútbol, la de baloncesto, el Barça… todos son buenísimos chicos: responsables, respetuosos, trabajadores, humildes, luchadores, honestos y todos los buenos calificativos que servirían para humedecer las bragas de cualquier madre con hijas casaderas. Como son taaaan buenos todo les sale bien. Y el que no quiera creerlo que vea lo que le ha pasado al Real Madrid contra el Levante: todo ha sido por estas declaraciones de Cristiano Ronaldo (seguramente susurradas al oído con intenciones malévolas por el taimado de Mou)

(CR7: sincero, directo y con toda la razón del mundo. Sí, no seamos falsos: al ser humano le jode enormemente ver a otro ser humano que es mejor que él. Por ejemplo, yo tengo envidia a Irina Shayk por sus piernas eternas, su dinero y su novio.)

Ya estoy harta, de verdad. Ya está bien de premiar esto del “lo importante es participar”, porque sencillamente es MENTIRA. Dejen de venderme la moto señores de la tele y de los periódicos. Si estos buenos chicos no ganasen trofeos y campeonatos nos importaría una puta mierda lo buenos chicos que fuesen.No estaríamos orgullosos de ellos por ser buenos chicos, al contrarío; proliferarían los “corre, desgraciado”, los “con lo que cobra este hijoputa”, los “me cago en su madre” y los “vaya panda de desgraciados”. Y si poseemos tanta rectitud moral, ¿por qué castigamos la sinceridad de Mourinho? ¿O acaso no es sincero?

Y para seguir con mi actitud de tocahuevos, dejo esta bonita canción de Mamá Ladilla que da título al post. Juan Abarca, que bien has expresado siempre missentimientos (no como Alejandro Sanz).