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Acerca de victoriavonvera

Meter un "Von" entre tu nombre y tu apellido te aporta un toque de decadencia extra.

El fantasma y yo

Un fantasma más bien triste y cansado…


La carencia del yo atormentado y sus consecuencias sobre mi posible creación literaria

(Atención lector: no te dejes engañar por el título; esta entrada es otra de mis tonterías)

Hace escasos minutos que me acabo de dar cuenta de una cosa: creo que jamás llegaré a ser una escritora notable porque soy feliz.

Me explico.

Estaba colocando, o mejor dicho, encajando como piezas de Tetris tres nuevos libros (Nada de Janne Teller, Crezco de Ben Brooks y El mundo de hoy de Kapuscinsky) y he empezado a leer los nombres de los escritores de la estantería: desde Edgar Allan Poe a Baudelaire, pasando por Hemingway, Scott Fitzgerald, Sartre e incluso Phillip K. Dick… y todos ellos le daban al alcohol o las drogas que daba gusto y ahí están, entre los dioses de la literatura.  Y a falta de drogas ¿qué mejor que una vida atormentada por alguna enfermedad, la muerte de un ser querido o el amor no correspondido para convertirte en un genio del arte del escribir?

Y eso viendo la obra de autores clásicos, que a saber qué perversiones saldrán a la luz dentro de cien años de la vida de nuestros escritores contemporáneos…

Visto lo visto parece que una vida desgraciada es un requisito indispensable a la hora de dedicarse a esto de la escritura (o del arte en general, que los pintores, fotógrafos, cineastas, etc… también tienen lo suyo). Así que me pongo a darle vueltas a mi existencia y, quitando ese periodo adolescente en el que abracé la tristeza infinita y el mal humor constante y los mezclé con tabaco a cantidades industriales y porros como si me fuera la vida en ello, me parece que el resto de mi vida ha sido una mierda a nivel artístico.

“¡Pues empieza a darle al tema!” os diréis muchos. Imposible. Las drogas y los vicios los tienes que desarrollar antes de los 21, cuando te da todo igual, cuando tu capacidad de recuperación de los excesos es óptima y cuando no tienes un trabajo (o cualquier otro tipo de responsabilidad) que te obligue a lucir  un mínimo de buena cara al día siguiente. Por desgracia para mi yo artístisco, no lo hice. Hace años que dejé atrás los 21 y el tabaco, cada vez me sientan peor los cubatas, los fantasmas del yo atormentado los tengo bajo control e incluso estoy mirando gimnasios para ponerme en forma. Vamos que estoy completamente perdida…

Seguid sin mí; ya me forraré publicando novelas románticas, esa pornografía encubierta entre las encuadernaciones más horteras del mundo…

No se por qué lo llaman romántica cuando quieren decir pornográfica


La vida es Sueño…


Sintiendo

Salir de la ducha y pasar de la toalla. El cuerpo se despierta con el frío, cada centímetro de piel se pone de gallina. Cerrar los ojos, estirarse y respirar profundamente. Dejar la mente en blanco unos segundos, respirar y abrir los ojos.

Ahora todo va mejor.


New tattoos

nevermore

my star

Pequeños y sencillos pero muy especiales. Una estrella (mi estrella) que me acompañará toda la vida; y una sentencia inspirada por Edgar Allan Poe: un “nunca más” a las cosas malas.

 


Haciendo balance (post ñoño)

2011 ha sido un año extraño de cojones. No malo, pero sí raro y duro.

Empecé con un recién estrenado puesto de trabajo en el que tenía que ganarme muchas confianzas: de mis jefes, de mis compañeros, de clientes… En fin, mucho trabajo y mucha necesidad de demostrar que, a pesar de ser medio nueva en el tema, valía para sacar adelante el trabajo y cumplir con las exigencias de todos. Fueron meses muy duros hasta que llegó otra renovación en mayo y volvió a empezar la misma presión para intentar conseguir un puesto fijo dentro de la empresa.

Mientras tanto mantenía una relación sentimental que en su tercer año hacía aguas por todas partes. Las ganas de seguir adelante eran lo único que sostenía esa situación. Pero está claro que cuando sólo uno tiene ganas de tirar del carro (yo) las cosas no pueden funcionar. Muchas noches sin dormir, muchos disgustos, muchas situaciones extrañas, muchas lágrimas y mucha infelicidad y mucha mierda tragada para nada. Así que en agosto se terminó. Mi autoestima quedó por los suelos y empecé a vivir como el que no tiene otra cosa que hacer. La ruptura final coincidió con un momento en el que en el trabajo me encontraba yo sola (con mi jefa de vacaciones) con una compañera nueva, así que el estrés por sacar las cosas adelante era todavía mayor. Conclusión: perdí 2 kilos.

Para rematar la situación,se me ocurrió ir al médico un día y me dijeron que de todas las cosas que me dejan mis padres, quizá la que más marque mi vida sea una herencia genética que afecta a mis riñones. Soltada la bomba, ya empecé a darlo todo por perdido.

Y cuando pensaba que las cosas no podían ir peor, curiosamente, empezaron a mejorar.

Los análisis y pruebas médicas apuntaban que todo seguí funcionando dentro de mí y un arrebato de carpe diem me invadió. Llegaron mis vacaciones y me fui a Beijing de viaje, donde me reí muchísimo, comí muy bien la mayoría de las veces, caminé un montón y estuve en sitios en los que pensaba que nunca iba a estar. Regresé a Madrid y vi como el trabajo del año dio sus frutos: por fin tenía un contrato de indefinido en el trabajo con su correspondiente aumento de sueldo. Ya podía empezar a plantearme mi independencia. Era noviembre y, de pronto, todo era genial. Por eso todavía no me creo que además me encontrase con el hombre de mi vida. Son esas cosas que al resto le suenan a novela, pero que tú sabes. Lo mejor es que él también está convencido de lo mismo.

Así que me dispongo a empezar 2012 de muy buen humor, dándolo todo en mi trabajo (que me encanta), buscando piso para mudarme en cuanto encuentre algo decente y dispuesta a ser feliz acompañada por la persona más increíble del mundo. Ya solo me queda seguir bailando.

 

 


Realidades Inquietantes 2: Las personas quietas

Sí queridos; después de una época de sequía (lo siento, pero los primeros días del enamoramiento absorben muchísimo) retomo la actividad de este humilde blog con otra entrega de… ¡Realidades inquietantes!

El hecho que me llama la atención esta vez y que me produce un desasosiego supremo es LA GENTE QUE SE QUEDA QUIETA. WTF? Estaréis pensando algunos. Muy bien, pondré un ejemplo.

Ayer tuve la suerte de poder asistir al concierto de Smashing Pumpkins en Madrid. Fue un concierto de PUTA MADRE (lo fue malditos puretas). “Pero no tocaron Disarm” dirán algunos; “¿y qué más da?”, contesto yo. Billy “el puto amo” Corgan se marcó un concierto íntimo, místico y muy especial en el que dejó bien claro que, pese a su aspecto deteriorado a lo Phill Collins, sigue siendo uno de los grandes de la música. Los allí presentes enmudecían con cada solo de guitarra, coreaban cada estribillo, levantaban las manos cuando el amo Billy lo pedía… Una catarsis, joder. Yo sólo quería saltar. Mi cuerpo tiraba de mí hacia delante, mi cabeza se movía con la música… Y aquí es cuando llega lo inquietante: LA GENTE ESTABA QUIETA.

¿Cómo puedes estar asistiendo a ese espectáculo, a ese momento de tu vida sin moverte? ¿Es que la música no te llena? ¡Es imposible! Si Billy Corgan está tocando Tonight, Tonight, ¿cómo puedes no moverte? Pues pasa. A mi alrededor la gente estaba quieta. No es que fuesen las típicas personas que se sitúan alejados del escenario para disfrutar del concierto tranquilamente, no. Estaban quietos: postura inalterable, cuello rígido. Ni un bamboleo, ni una sacudida de cabeza… completamente quietos. Por favor, si alguien es capaz de entenderlo que me lo explique.

Pero esto de la gente quieta no se produce sólo en los conciertos. Está llegando a lugares tan cotidianos como el metro y en las aceras. Vas andando por la Gran Vía y de repente la persona que tienes delante se para porque sí. No se pone a mirar un escaparate, sencillamente se para. Y en el metro cada vez son más las personas que entran a un vagón y se paran en la puerta. En la puta puerta. Y no creáis que se apartan cuando en la siguiente parada alguien quiere subir o bajar… son personas quietas, son personas inamovibles.

Yo no entiendo nada, pero bueno. De eso se nutren mis Realidades Inquietantes.